29.8.08
28.8.08
A los cobardes...
Arquitecto, literato, editor de libros para niños, proyecto de marido. Mientras secaba vasos y tomaba pedidos, él me contaba cómo iba la tesis de grado, se llamaba algo así como “los conceptos de valentía y cobardía en la obra de Roberto Bolaño” y de verdad podía durar horas hablando de sus hallazgos. Sin ser muy entendido en la obra del chileno, yo le daba impresiones como un croupier, sirviendo el juego lentamente, y él sonreía como sólo saben hacerlo esos lectores que encarnan a sus poetas, que son verdugos de sí mismos, y seguía gruñendo su discurso rabioso y hermético.
En la feria del libro de ese año nos encontramos a la entrada de una conferencia, él iba de saco de pana como profesor de historia, y yo llevaba una chica. Casi no hablamos, pronto entendimos que nuestro lugar era el bar electro y que nuestro único tema era la obra de Bolaño. Antes de irme me regaló dos cosas, un abrazo y “los detectives salvajes”. El libro lo perdí en un viaje pero el abrazo lo conservo y lo releo cada vez que puedo. La tesis, en cambio, no he podido encontrarla.
Ya en otro trabajo, sin música, con otra gente y con más plata, reuní lo suficiente para comprar una serie de libros, entre ellos el mismo que me había dado Valentín. Con su lectura gané más cosas de las que perdí, aunque dolió haberlo leído, significó de una forma oscura e incomprensible el fin de una etapa de incertidumbre y el comienzo del plan. Del plan hablaré en otro momento. De lo que quería hablar aquí era de la cobardía y la valentía, en la obra de Bolaño, en mi vida, brevemente porque no recuerdo bien o porque no será este el lugar, nunca será este el lugar para hacerlo.
Me enteré que Bolaño andaba obsesionado con la valentía y la cobardía. En su reconocimiento excesivo a la valentía de Mario Santiago creí ver un reconocimiento de su propia cobardía. Alguna vez le preguntan si para ser poeta hay que ser valiente y él dice que no, que han existido grandes poetas cobardes, que para ser poeta hace falta verse en un espejo negro y saberse valiente o cobarde, y aceptarse. A sus ojos, Rimbaud, Lautreamont, son valientes. Se atrevieron a mirar en lo oscuro, trazaron un camino (un plan) y no cejaron hasta llegar a puerto, ardieron, conocieron el éxtasis. Ulises Lima es otro valiente a sus ojos, es el sueño del autor suelto por el mundo, una fuerza de la naturaleza, una fuerza frenética, triste, eternamente adolescente. Belano en cambio es soñador moderado, poeta cobarde, héroe romántico, y aún así se hace guerrillero en el África. En muchos de sus cuentos he encontrado una tensión latente entre el poeta y el funcionario, el viajero incansable y el hombre que echa raíces, el que hace lo quiere y el que hace lo que los demás esperan de él. Si es cierto lo que dicen, si es cierto que Belano es alter ego de Bolaño entonces la sospecha es fundada. Nunca sabremos si Roberto era cobarde, igual cobarde frente a quién, pero sabemos que en su juicio interior él se consideraba tal.
…
No recuerdo la fecha ni el año, recuerdo el barrio, la noche y las caras. Iba con tres o cuatro amigos, errando por las canchas del conjunto de mi juventud, más que borrachos, pateando piedras como en la canción, olvidados del futuro, irresponsables y fuertes, hermosos y sucios, decidimos ese día hacer frente a los bravucones de la zona y nos sentamos en las escaleras de hierba que coronaban la plaza central. Yo le pedí un trago a uno para mostrar confianza. Me lo dio. Volví donde estaban los míos. Hablamos duro, nos reímos, jugamos a pelear para mostrar fiereza. Entonces vino hasta mí el gordo que me había dado el trago y me pidió plata. Me negué sin retroceder. Lo miré de frente. El hombre me encajó los nudillos debajo del ojo izquierdo y caí al piso. Con rabia me levanté y supe lejos los supuestos amigos. Mandé un puño sin fuerza a la cara del tipo, él lo espantó como una mosca y me empujó al suelo. Recibí patadas en todas partes, en la cara y en las piernas, yo me defendía y él golpeaba, hasta que dejé de defenderme y él seguía golpeando, y al fin dejó de pegar y yo ya no podía moverme. Pero podía ver, y vi sombras acercándose y me dije corre o vas a morir y eso hice, correr, correr hasta que no me dieron más las piernas, correr hasta escapar a la muerte. Me siguieron las sombras y no les di la cara, huí, corrí, me escapé y supe que era mi primera cobardía.
Ahora que el barrio se ha borrado, ahora que los tipejos cobardes están en oficinas o en el paro y que las sombras acechantes están en el mismo infierno, ahora punks de esquina, sé que fui cobarde, sí, pero no más que los otros, sé que quise protegerme y escapar a la muerte. Eso fue supervivencia, conservación, me dije, y de ahí en adelante procuré la valentía en formas más modestas: no dejé escapar las mujeres que amé, me enfrenté a mis padres y quise escribir para ganarme la vida.
Sé también que ahora, instalado como estoy en una forma de lucha bastante cómoda, si hubiera que salir a la calle a luchar con las sombras, si hubiera que hacer la revolución a punta de piedra, me pararía al frente de la muerte, la miraría a la cara y la escupiría bellamente y sonreiría como hacen los hombres que encarnan sus poetas y son verdugos de sí mismos.
5.7.08
confesiones descaradas
18.6.08
Ídem
16.6.08
Plea From A Cat Named Virtute
Why don't you ever want to play?
I'm tired of this piece of string.
You sleep as much as I do now,
and you don't eat much of anything.
I don't know who you're talking to,
I made a search through every room,
but all I found was dust that moved
in shadows of the afternoon.
And listen, about those bitter songs you sing...
They're not helping anything.
They won't make you strong.
So, we should open up the house.
Invite the tabby two doors down.
You could ask your sister if
she doesn't bring her Basset Hound.
Ask the things you shouldn't miss:
tape-hiss and the Modern Man,
The Cold War and Card Catalogues,
to come and join us if they can,
for girly drinks and parlor games.
We'll pass around the easy lie
of absolutely no regrets,
and later maybe you could try
to let your losses dangle off
the sharp edge of a century,
and talk about the weather,
or how the weather used to be.
And I'll cater with all the birds that I can kill.
Let their tiny feathers fill disappointment.
Lie down, lick the sorrow from your skin.
Scratch the terror and begin to believe you're strong.
All you ever want to do is drink and watch TV,
and frankly that thing doesn't really interest me.
I swear I'm going to bite you hard and taste your tiny blood
if you don't stop the self-defeating lies you've been repeating
since the day you brought me home.
I know you're strong.
9.6.08
Una soledad demasiado ruidosa

Este libro de Bohumil Hrabal es, hasta ahora, el hallazgo del año. Lo encuentro aún más fascinante que Retrato del artista adolescente de James Joyce o 62/Modelo para Armar de Julio Cortázar. Por supuesto, salvadas las insalvables distancias. Cuenta la historia de un hombre entrados en años, a solas con sus pensamientos, sepultado en el sótano de una fabrica destructora de papel, en un callejón oscuro de Praga. El hombre se llama Hant’a y su trabajo es destruir libros y papeles viejos en una prensa mecánica, hacer con ellos enormes balas de papel comprimido, forradas en alambre para ser transportadas en vagones europeos con destino a otras fábricas, encargadas de convertir el material el papel nuevo. Hant’a dice que es culto “a pesar de sí mismo”, pues en cada pila de monstruoso papel encuentra siempre un libro que no merece la destrucción ni el olvido. Entonces lo lleva a su casa, lo lee con calma y delicia, y lo deja en estantes o en el suelo o en alguna parte en donde pueda encontrar espacio, pues a fuerza de amor por los libros, vive debajo de ellos, con dos toneladas de papel sobre su cabeza. El trabajo es a veces tedioso, el sótano es oscuro y hay ratas y moscas por todas partes, su jefe lo acosa con furia y nunca ve su trabajo terminado. Para refrescar su trabajo y su lectura, bebe litros enteros de cerveza al día, en el sótano o en alguna cervecería. No habla con nadie. O sí, habla con algunos: una mujer extraña llamada Maruja que parece tener pésima suerte, un profesor de filosofía que le da al viejo Hant’a una doble entidad, un par de gitanas del pueblo que van al sótano a ofrecerle su cuerpo a cambio de comida, un sacerdote desencantado cuya afición vital es la navegación aérea. Pero Hant’a está solo. Todos lo están en esta historia.
Prescindiendo del análisis literario propiamente dicho, voy a señalar algunos puntos clave en la novela. Primero, la reiteración de lugares, situaciones y descripciones, que se entrelazan en todos los capítulos para crear una obra intensa y compacta. Segundo, la fuerza de ciertas imágenes que, a fuerza de contraste, se imprimen en la memoria como un tatuaje. Y por último, el manejo (deliberado, creo) de símbolos o metáforas, que permite asociar lo narrado con otra narración que se va tejiendo mentalmente. Es este punto el que me mueve, el que me interesa, porque cuando Hrabal habla de trabajar en un sótano pienso el trabajo de escritor como el de un topo subterráneo, como dice Vila-Matas, y si además habla de trabajar en un sótano destruyendo papel pienso a la vez en el acto de destruir la propia obra como en el acto de discriminar ciertos textos a la hora de la lectura. Y si eso no fuera suficiente, habla de tomar cerveza para descansar del trabajo, sobre lo cual no hay que decir mayor cosa, pues todos conocemos la inclinación tan literaria a crearse un doble que no es un topo sino un hombre integro que puede pensar, decir y hacer lo que le plazca. Para mí, la obra completa es una alusión fortísima al proceso de la creación literaria, gestado desde siempre y hasta el final de los tiempos en una soledad demasiado ruidosa.
Sí, es claro que el oficio se sigue gestando en un “propio y húmedo infierno” y que la posibilidad de conjugar la vida y la escritura está reservada a unos pocos talentos. Valga al respecto la frase lapidaria de Roberto Bolaño:
“La idea central es que hay güeyes que escriben sobre la vida y güeyes que la viven. La idea central es que no se puede hacer las dos cosas al mismo tiempo sin terminar convertido en un pobre pendejo a medio camino entre ser y no ser, entre estar y no estar. La idea central es que o eres o te haces, no hay un punto intermedio.”Coda: Al leer a Hrabal, dan ganas de visitar ciudades de nombres increíbles como Gdansk, Szczecin o Bubny.