"No somos más que idiotas, idiotas útiles o estrellas".
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31.5.08
26.4.08
las teorías...
Hace unos días compramos en el centro una mesa bajita de madera oscura, pequeña y maciza, apenas para poner cojines en el piso y comer con toda tranquilidad. Para que se hagan una idea del objeto, la señora que nos la vendió insistía en estar vendiendo una silla y no una mesa. Por supuesto, toda réplica fue inútil . En fin, que la llevamos al apartamento, la instalamos en la salita -una sala muy zen, dijo la hermana de K.- y la hicimos depositaria de diversas funciones: comedor, escritorio, estante para velas y, lo más importante, apoyo para el portátil a la hora de ver películas. Le hemos cogido cariño pero no como se quiere un tapete o un candelabro, es distinto. Esa indefinición, ese constante huir a los sustantivos, es lo más fascinante en ella. La queremos como algo que sirve para lo que uno quiera que sirva y si uno quiere que no sirva para nada, la mesa es también perfectamente inservible. Seguro si la viera un diseñador de la nacho o de la tadeo se largaría a hablar de minimalismo y funcionalidad y todo eso. Ya se sabe, las teorías son incapaces de aceptar lo sencillo y lo sublime.
29.2.08
Playmate

Aquí esta K. haciendo sus pinitos en el difícil terreno del erotismo mediático.
A continuación reproduzco la entrevista:
Playboy: ¿Desde qué edad eres modelo?
K.: Nunca he sido modelo. Solo de amigos o familiares. Nunca de verdad.
Playboy: ¿Cómo una mujer sin formación profesional en modelaje aparece en nuestra portada, llegando a ser playmate del año?
K.: Quería verme en una portada pensando en un buen regalo para J. Me salió barato y efectivo.
Playboy: Estamos pensando en pagarte una gran suma llena de ceros por un desnudo entero, ¿qué dices?
K.: ¿Me puedo pensionar con eso?
Playboy: Modestamente, sí.
K.: Queda aprobado.
Playboy: ¿Crees que J. se molestaría?
K.: No. El pasea por la casa desnudo todo el tiempo.
Playboy: Gracias. Hay cosas que no queremos saber... entonces, ¿para cuando las fotos?
K.: Ahora mismo.
Playboy: Luces...
Playboy: ¿Cómo una mujer sin formación profesional en modelaje aparece en nuestra portada, llegando a ser playmate del año?
K.: Quería verme en una portada pensando en un buen regalo para J. Me salió barato y efectivo.
Playboy: Estamos pensando en pagarte una gran suma llena de ceros por un desnudo entero, ¿qué dices?
K.: ¿Me puedo pensionar con eso?
Playboy: Modestamente, sí.
K.: Queda aprobado.
Playboy: ¿Crees que J. se molestaría?
K.: No. El pasea por la casa desnudo todo el tiempo.
Playboy: Gracias. Hay cosas que no queremos saber... entonces, ¿para cuando las fotos?
K.: Ahora mismo.
Playboy: Luces...
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11.1.08
el antiguo reino
Ahora estoy en el exilio, estoy en la ciudad pero no estoy, paso casi todo el tiempo en casa, aunque no en la misma casa, casi me he mudado de lugar, ahora vivo con mi novia, rara palabra pero no hay otra que se acerque a lo que pasa aquí, así fue siempre, pretendía que el amor escapaba a las palabras pero no es así ni mucho menos, de todo puede hablarse, por eso ahora digo novia sin rubores. Ando feliz o eso creo. La verdad no distingo demasiado lo que me pasa, a últimamente son escasos esos momentos de silencio en los que la vida parece contraerse en un solo punto y puedes verlo todo a la vez. Tan solo en esta mañana, fría y quieta como un árbol desnudo, en la que fumo en la ventana de la cocina, leo a ratos, y K. se recupera a través del sueño, siento que puedo escribir, puedo decir algo, pertenecer una vez más al reino de lo que se nombra para atraparlo y luego dejarlo ir, porque de eso se trata la escritura, de atrapar el mundo en el lenguaje y después liberarlo.
He llegado a un lugar quieto, no sé para donde moverme, me sigo diciendo que mis fantasías se han cumplido a nivel estético. Si alguien tomara una foto de este momento, me digo, podría morir feliz. Ahora creo que no es tan cierto. La fotografía sería la de un tipo joven, con gafas y sombrero, fumando en una ventana, detrás de él pilas de discos y libros, los brazos desnudos de una mujer que salen de un montón de sábanas. El tipo tendrá un aire triste y satisfecho. El humo del cigarro deberá hacerse uno con el cielo, que debe ser de un gris ceniciento. Algo así sería la foto. Ahora no paro de decirme que esa fantasía debió haber sido creada en un momento de una imperdonable inocencia pues de dónde habré sacado que el lugar que me pertenece en la vida es un cuadro borroso o una fotografía a full color, peor, por qué llegué a decir alguna vez que Nietzsche creía que toda aspiración es estética o algo así, supongo que sonaba bien, que podía sacarse a pasear una frase de esas en algún café o pasillo de universidad, con ínfulas de quién sabe qué, para lograr quién sabe qué cosa, tantas tonterías que uno dice. Y sería bueno comprobar a estas alturas que no estaba equivocado, que el paso del tiempo había afilado las certezas que la intuición o como se llame había perfilado, pero no y mil veces no, fui totalmente ingenuo, llegué aquí, me gusta estar aquí, soy el tipo de la foto pero soy otra cosa, la foto no es el final, el final está en otro lado, ahora tengo que pintar otro cuadro o imaginar otra foto pero ésta vez no será desde el delirio sino desde la impaciencia, el desconcierto y el deseo, que es de lo que va todo en este momento. Trataré de pintar entonces un nuevo cuadro.
Estamos K. y yo en alguna playa del Adriático, yo sonrío de cara al mar y me revuelvo el pelo con la mano, igual de largo que ahora, sin camisa y con un pantalón blanco, ya no llevo gafas, me operé los ojos, estoy un poco mas moreno, flaco y un poco blando, un poco viejo, respirando el aire extranjero con plena satisfacción. K. también está de blanco y lleva un vestido corto, un poco abierto en la espalda y lleva el pelo negro y lentes negros y sandalias blancas y el sol le lame las piernas y ella sonríe y me mira con mudo deseo y la playa está desierta, no hay nadie a la vista, solo hay un horizonte que se funde en el mar y que juzgaré alegoría del sueño cumplido, y habrá una veleta surcando las aguas que juzgaré el impedimento, el tormento, las ganas inconfesables de salir corriendo o salir nadando. Entonces el cuadro o la foto se hacen reales, supongamos que se vuelve escena, entonces yo me volteo y le doy un beso en la mejilla, sin sonrisas extrañas ni vagos silencios, porque ese animal dormido que es la veleta serán las ganas de pintar un cuadro nuevo y a esas alturas ya lo sabré y trataré de recordarlo, entonces no diré nada del nuevo cuadro para no perturbar a K. ni a mí ni a nadie.
Me pregunto cuál será la veleta del cuadro que hoy parece completo.
Creo que es el lugar, el marco de la ventana y el fondo mismo, el espacio cerrado y esas cosas. Eso es lo que me remite a un cuadro nuevo, el deseo de espacios abiertos, el sol entrando en el mar y la promesa de la veleta. Así que, en últimas, sigo pintando futuros en un lienzo. Resulta que tenía razón, que no estaba equivocado, el único problema estaba en no saber cuando dar el último trazo y estampar la firma. Ahora lo sé, it´s over, se acabó, el cuadro está listo y no está a la venta. Si desea verlo puede acercarse, pero no insista, no está a la venta.
Quiero comprar materiales de pintura, óleos, alcohol, trementina, y poco a poco empiezar a dar pinceladas a la obra, sentir que cada trazo del pincel es un paso hacia un lugar nuevo, abierto, desconocido, apenas intuido en el sueño, y paso mañanas y tardes enteras contemplando la obra, quizá corrigiendo algún defecto en los gestos, quizá invadido por la impotencia, quizá escéptico frente a su acabada perfección, y siempre dando gracias al fotógrafo o pintor que hoy, por fin, dio por consumado mi último sueño.
Ahora puedo contar el final del antiguo reino.
He llegado a un lugar quieto, no sé para donde moverme, me sigo diciendo que mis fantasías se han cumplido a nivel estético. Si alguien tomara una foto de este momento, me digo, podría morir feliz. Ahora creo que no es tan cierto. La fotografía sería la de un tipo joven, con gafas y sombrero, fumando en una ventana, detrás de él pilas de discos y libros, los brazos desnudos de una mujer que salen de un montón de sábanas. El tipo tendrá un aire triste y satisfecho. El humo del cigarro deberá hacerse uno con el cielo, que debe ser de un gris ceniciento. Algo así sería la foto. Ahora no paro de decirme que esa fantasía debió haber sido creada en un momento de una imperdonable inocencia pues de dónde habré sacado que el lugar que me pertenece en la vida es un cuadro borroso o una fotografía a full color, peor, por qué llegué a decir alguna vez que Nietzsche creía que toda aspiración es estética o algo así, supongo que sonaba bien, que podía sacarse a pasear una frase de esas en algún café o pasillo de universidad, con ínfulas de quién sabe qué, para lograr quién sabe qué cosa, tantas tonterías que uno dice. Y sería bueno comprobar a estas alturas que no estaba equivocado, que el paso del tiempo había afilado las certezas que la intuición o como se llame había perfilado, pero no y mil veces no, fui totalmente ingenuo, llegué aquí, me gusta estar aquí, soy el tipo de la foto pero soy otra cosa, la foto no es el final, el final está en otro lado, ahora tengo que pintar otro cuadro o imaginar otra foto pero ésta vez no será desde el delirio sino desde la impaciencia, el desconcierto y el deseo, que es de lo que va todo en este momento. Trataré de pintar entonces un nuevo cuadro.
Estamos K. y yo en alguna playa del Adriático, yo sonrío de cara al mar y me revuelvo el pelo con la mano, igual de largo que ahora, sin camisa y con un pantalón blanco, ya no llevo gafas, me operé los ojos, estoy un poco mas moreno, flaco y un poco blando, un poco viejo, respirando el aire extranjero con plena satisfacción. K. también está de blanco y lleva un vestido corto, un poco abierto en la espalda y lleva el pelo negro y lentes negros y sandalias blancas y el sol le lame las piernas y ella sonríe y me mira con mudo deseo y la playa está desierta, no hay nadie a la vista, solo hay un horizonte que se funde en el mar y que juzgaré alegoría del sueño cumplido, y habrá una veleta surcando las aguas que juzgaré el impedimento, el tormento, las ganas inconfesables de salir corriendo o salir nadando. Entonces el cuadro o la foto se hacen reales, supongamos que se vuelve escena, entonces yo me volteo y le doy un beso en la mejilla, sin sonrisas extrañas ni vagos silencios, porque ese animal dormido que es la veleta serán las ganas de pintar un cuadro nuevo y a esas alturas ya lo sabré y trataré de recordarlo, entonces no diré nada del nuevo cuadro para no perturbar a K. ni a mí ni a nadie.
Me pregunto cuál será la veleta del cuadro que hoy parece completo.
Creo que es el lugar, el marco de la ventana y el fondo mismo, el espacio cerrado y esas cosas. Eso es lo que me remite a un cuadro nuevo, el deseo de espacios abiertos, el sol entrando en el mar y la promesa de la veleta. Así que, en últimas, sigo pintando futuros en un lienzo. Resulta que tenía razón, que no estaba equivocado, el único problema estaba en no saber cuando dar el último trazo y estampar la firma. Ahora lo sé, it´s over, se acabó, el cuadro está listo y no está a la venta. Si desea verlo puede acercarse, pero no insista, no está a la venta.
Quiero comprar materiales de pintura, óleos, alcohol, trementina, y poco a poco empiezar a dar pinceladas a la obra, sentir que cada trazo del pincel es un paso hacia un lugar nuevo, abierto, desconocido, apenas intuido en el sueño, y paso mañanas y tardes enteras contemplando la obra, quizá corrigiendo algún defecto en los gestos, quizá invadido por la impotencia, quizá escéptico frente a su acabada perfección, y siempre dando gracias al fotógrafo o pintor que hoy, por fin, dio por consumado mi último sueño.
Ahora puedo contar el final del antiguo reino.
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7.1.08
posmodernismo aún en pañales
La verdad, tardé semanas en enterarme que el barrio en el que vivo se llama Quintaparedes. Siempre estaba diciendo "vivo en Corferias" o "cerca del Centro Nariño" pero nunca fui preciso, ahora lo sé, aunque esa seguridad no importe demasiado. En fin, resulta que mi barrio, como todo barrio en Bogotá y en Colombia, sufre de la estúpida clasificación que divide las zonas urbanas en estratos, siendo el mío estrato 3 para agua y teléfono, 4 para luz eléctrica y artículos de consumo diario. Es por eso que camino hasta un barrio aledaño, El Recuerdo (después les cuento el nivel de sincronicidad entre su nombre y pasado reciente) para comprar queso, verduras y minutos a celular. En El Recuerdo hay un café internet que es donde estoy sentado ahora, un local pequeño de teclados imposibles pero con buena música, pues quería contar una corta impresión para la cual no hacía falta tanto proemio, pero ya ven, siempre quiero formar contextos.
Resulta que ahora mismo ando leyendo una serie de publicaciones sobre derecho ambiental, documentos sobre el tratamiento político u jurídico del agua en Colombia, asunto de tinte laboral y de otra índole, lecturas muy estimulantes, teniendo en cuenta que llevaba un buen trecho de la vida metido en la lectura de eso que las convenciones llaman ficción, o sea literatura, y tenía olvidado eso que con tanto candor y optimismo las convenciones llaman realidad o non-fiction, y la verdad sea dicha, la diferencia, aunque no sepamos muy bien dónde situarla, se nota y se nota mucho.
El problema ambiental, grave como todos sabemos, plantea interrogantes y exige respuestas para las cuales uno no está ni de lejos preparado. Ecología y economía andan de divorcio. El modelo de desarrollo solo se sostiene en una relación depredadora sociedad-naturaleza. ¿Y cuando los recursos se acaben, qué? Los billetes no se comen. El pètróleo no es potable, que yo sepa. Para dormir tranquilo, no quiero pensar que la omisión de un líder cualquiera esté justificada por un "a mí no me va a tocar". Andamos todos metidos en este barco.
Ahora, cuando pienso en mi posición frente a todo esto vuelven a mí toda un serie de proyectos envueltos en luz blanca, con herramientas que quieren a la vez acariciar la conciencia propia y la piel del planeta. Pero tanto rollito posmoderno, mal entendido por cierto, me había sacado de la esfera de acción y conciencia que el movimiento global prescribe, siempre que el susodicho ismo pretende relegar cualquier aspiración global a la burbuja del sujeto como individuo. En fin, que casi no entiendo de esto y tengo que buscar a Canclini o a uno de esos que son radicales en la defensa de un lado o del otro, y aún así, permanecen activos ante el desastre planetario, ante el sueño planetario.
Lo que quiero decir a los posmodernos y lo digo aquí es lo siguiente:
No está usted equivocado, pero su forma de tener razón es francamente idiota.
Y lo mismo para mí.
Resulta que ahora mismo ando leyendo una serie de publicaciones sobre derecho ambiental, documentos sobre el tratamiento político u jurídico del agua en Colombia, asunto de tinte laboral y de otra índole, lecturas muy estimulantes, teniendo en cuenta que llevaba un buen trecho de la vida metido en la lectura de eso que las convenciones llaman ficción, o sea literatura, y tenía olvidado eso que con tanto candor y optimismo las convenciones llaman realidad o non-fiction, y la verdad sea dicha, la diferencia, aunque no sepamos muy bien dónde situarla, se nota y se nota mucho.
El problema ambiental, grave como todos sabemos, plantea interrogantes y exige respuestas para las cuales uno no está ni de lejos preparado. Ecología y economía andan de divorcio. El modelo de desarrollo solo se sostiene en una relación depredadora sociedad-naturaleza. ¿Y cuando los recursos se acaben, qué? Los billetes no se comen. El pètróleo no es potable, que yo sepa. Para dormir tranquilo, no quiero pensar que la omisión de un líder cualquiera esté justificada por un "a mí no me va a tocar". Andamos todos metidos en este barco.
Ahora, cuando pienso en mi posición frente a todo esto vuelven a mí toda un serie de proyectos envueltos en luz blanca, con herramientas que quieren a la vez acariciar la conciencia propia y la piel del planeta. Pero tanto rollito posmoderno, mal entendido por cierto, me había sacado de la esfera de acción y conciencia que el movimiento global prescribe, siempre que el susodicho ismo pretende relegar cualquier aspiración global a la burbuja del sujeto como individuo. En fin, que casi no entiendo de esto y tengo que buscar a Canclini o a uno de esos que son radicales en la defensa de un lado o del otro, y aún así, permanecen activos ante el desastre planetario, ante el sueño planetario.
Lo que quiero decir a los posmodernos y lo digo aquí es lo siguiente:
No está usted equivocado, pero su forma de tener razón es francamente idiota.
Y lo mismo para mí.
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12.10.07
news today
ahora mismo escucho shiver de coldplay, con el corazón hecho una uva pasa, una uva sonriente y absurda, perdidamente... eso, a punto de salir de la oficina, inceíble, siete de la noche de un viernes de puente, yo aquí, flirteando con una niña a través de un cristal, enviando casitas de juguete por mail, desconectado del silencio del recinto, con ganas de abrazar la noche, sorprendido de no haber escrito hace tanto, leyendo a Bolaño cuando hay tiempo, a Kafka en los buses, dispuesto a ver a Bjork o Sabina o a ambos, llegando a casa todos los días muy cansado y muy feliz y con ganas de llorar, escuchando todas las historias de los buses, haciendo posgrado en neurosis, doctorado en soledad, se me fue el hilo, ya ven, no me concentro en nada, no puedo escribir mas de dos renglones seguidos, además se me acabó la canción y qué mas da, salgo a la noche.
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1.8.07
El "Brownsday"
No puedo creer que todavía se hable del tipejo ese, de Dan Brown (más conocido que Jesucristo, más que los Beatles), un hombre que apenas tuvo el acierto de combinar algunas novelas conspirativas y paranoides de los años 80 con el ya sonado tema de los evangelios apócrifos. Es un genio, el tipo este. Su obra nos ha enseñado que es posible componer un éxito literario reuniendo algunos cuentos de de hadas, una colección de sitcoms, un fárrago de pésimos thrillers y papel carbón.
Le debemos mucho a Brown, el gurú de estos tiempos, el paladín que enarbola espadas contra la iglesia. El día de su nacimiento debería ser el día de la lengua en el mundo y leerse su obra en cada estación de radio y canal de televisión del globo. La película de Tom Hanks y Audrey Tatou debería proyectarse en cada teatro del planeta. Si a James Joyce le celebran el Bloomsday el 16 de junio, a Brown deberíamos cantarle el "Brownsday", una fiesta donde podríamos vestirnos de ángeles, de demonios, comer y beber lo mismo que los protagonistas de la obra, y otras tantas cosas mas para honrar el erudito, el único, el incomparable Dan Brown.
Lo peor: todo lo que se diga en contra o a favor suyo es advertising.
Le debemos mucho a Brown, el gurú de estos tiempos, el paladín que enarbola espadas contra la iglesia. El día de su nacimiento debería ser el día de la lengua en el mundo y leerse su obra en cada estación de radio y canal de televisión del globo. La película de Tom Hanks y Audrey Tatou debería proyectarse en cada teatro del planeta. Si a James Joyce le celebran el Bloomsday el 16 de junio, a Brown deberíamos cantarle el "Brownsday", una fiesta donde podríamos vestirnos de ángeles, de demonios, comer y beber lo mismo que los protagonistas de la obra, y otras tantas cosas mas para honrar el erudito, el único, el incomparable Dan Brown.
Lo peor: todo lo que se diga en contra o a favor suyo es advertising.
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Supérelo
La primera razón por la que me enojan los libros de superación es por simple celo editorial. Me resulta inaudito (me da envidia, de la mala) que un texto de pobre contenido y pésimo estilo pueda ser traducido a varios idiomas y vender millones de copias. El segundo motivo es de carácter, digamos, ético. Me parece que la verdad no viene en cápsulas, que no existen fórmulas mágicas para responder las "grandes cuestiones", ser un genio del marketing, tener relaciones estables, una personalidad equilibrada, etc. No existen. La vida no tiene instrucciones de uso.
Bueno, y si toda literatura es una forma de encontrar los matices medios de una vida en blanco y negro, es decir, una forma de colorear y ensanchar una película muda... ¿no es eso también autoayuda o superación personal? Ahora sí estamos como queremos.
En fin. La duda purifica. Releer a Paracelso...
Bueno, y si toda literatura es una forma de encontrar los matices medios de una vida en blanco y negro, es decir, una forma de colorear y ensanchar una película muda... ¿no es eso también autoayuda o superación personal? Ahora sí estamos como queremos.
En fin. La duda purifica. Releer a Paracelso...
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19.7.07
De vuelta en la ciudad
Estuve en Medellín tres semanas. Le dí algunas vueltas a la vieja ciudad de las flores. Visité lugares, caras, cuerpos, me bañó la luz hasta limpiarme, la noche hasta podrirme, tuve miedo, alegría, plenitud, hastío. Pude notar una tendencia clarísima en mí: casi siempre ando conectado con los movimientos de mi espíritu (perdón por la palabra) y casi no pongo atención a lo que pasa afuera. Trato de estar al tanto del mundo objetivo, de saber lo que sucede en el globo, pero siempre vuelvo al diálogo con un cierto diablillo interno. De tanto echarle cabeza he llegado a una obvia conclusión: el mundo externo es solo reflejo del interno. Un perro que muere es una faceta de animalidad moribunda dentro de mi universo sexual. El río de la Avenida Oriental, que fluye en contra del Metro dirección Niquía fue lo que me dijo que era hora de volver a la ciudad. Una pareja preciosa, a las afueras de Otraparte, casa museo, búnker, escondite, cafetín, él músico atormentado, ella sexo y lucidez, me trajeron a un estadio de soledad infinita y acogedora. Isabel, musa y madre y guerrero maya, ahora se capacita para trabajar en nada menos que una librería. Heidi, niña triste y vieja rabiosa, se expone a la cruda luz de una oficina que abre de ocho a cinco, y extraña paradoja, se muere por el teatro.
Así va todo, las cosas pasan, las palabras son puestas a rodar y todo eso te dice algo de resonancias profundas. Tengo en el cuerpo una máquina de traducciones, un artilugio hermenéutico, erótico, visceral. Sensibilidad mas no sensiblería, pues siento los ojos duros, líneas que bajan y enmarcan la boca, pérdida del sentido humor, conciencia de la precariedad, deseos de remodelar alma y alcoba, de aprender portugués, esgrima, culinaria. Ganas de quemar el mundo entero con un poema, de cantarlo con tanta fuerza que vuele en pedazos. Escribir con tinta de mi sangre, reunirlo todo en un solo cuerpo, sacarlo con ganchos, ponerlo a secar, mostrarlo al mundo sin temor, sin ponerle un valor estético o económico. Escribir con claridad, dejar ya de gritar como un loco. Vivir tanto surrealismo que sienta la necesidad íntima de superarlo. Dirigir luz a todas las cosas, exponerlas a la claridad del medio día, despojarlas de atavíos, de máscaras, de teorías. Violentarlas si hace falta, regresarlas a su condición de eterna anormalidad, de eterna sencillez. Abrazar la muerte de una vez por todas como se abraza la vida, entender el oscilar que implica vivir como juego peligroso, de un lado agua cristalina, de otro diente de tigre. Pasar por toda la gama de colores, por todos los matices. Ya no más blanco y negro, ya no más vida y muerte. Ahora violeta, naranja, azul, ironía, ternura, cinismo. Ahora cosas nuevas, mundos nuevos... espero.
Así va todo, las cosas pasan, las palabras son puestas a rodar y todo eso te dice algo de resonancias profundas. Tengo en el cuerpo una máquina de traducciones, un artilugio hermenéutico, erótico, visceral. Sensibilidad mas no sensiblería, pues siento los ojos duros, líneas que bajan y enmarcan la boca, pérdida del sentido humor, conciencia de la precariedad, deseos de remodelar alma y alcoba, de aprender portugués, esgrima, culinaria. Ganas de quemar el mundo entero con un poema, de cantarlo con tanta fuerza que vuele en pedazos. Escribir con tinta de mi sangre, reunirlo todo en un solo cuerpo, sacarlo con ganchos, ponerlo a secar, mostrarlo al mundo sin temor, sin ponerle un valor estético o económico. Escribir con claridad, dejar ya de gritar como un loco. Vivir tanto surrealismo que sienta la necesidad íntima de superarlo. Dirigir luz a todas las cosas, exponerlas a la claridad del medio día, despojarlas de atavíos, de máscaras, de teorías. Violentarlas si hace falta, regresarlas a su condición de eterna anormalidad, de eterna sencillez. Abrazar la muerte de una vez por todas como se abraza la vida, entender el oscilar que implica vivir como juego peligroso, de un lado agua cristalina, de otro diente de tigre. Pasar por toda la gama de colores, por todos los matices. Ya no más blanco y negro, ya no más vida y muerte. Ahora violeta, naranja, azul, ironía, ternura, cinismo. Ahora cosas nuevas, mundos nuevos... espero.
21.6.07
demasiada luz
Una belleza abrumadora, eso es, demasiada luz. Medellín, sinónimo de sol y color, me abre sus puertas por estos días. Días de descanso. No hay mucho que decir. Vivo feliz y así no puede escribirse. Camino con mi hermano por las callejuelas de Envigado, vamos a cine, fumamos como locos. Vuelvo a la cocina de mamá, al nido primigenio, recuperamos tantos meses de ausencia. Voy mucho a piscina, tomo mucha cerveza, leo a Papini. Casi no extraño la ciudad. Poco internet, por lo demás. Estamos planeando ir de camping este finde. Si consigo una cámarita, dejo por aquí algún registro. Bien, me voy. No hay mucho que decir.
6.6.07
Sobre Julio "El perseguidor" Cortázar
En una entrevista que ví una vez en YouTube (les quedo debiendo el link) decía el querido Cortázar que para él era casi imposible escribir un ensayo porque eso suponía una escritura sostenida en una especie de código lógico construido con premisas, conclusiones y nuevas premisas, lo que para él suponía una gran dificultad. Por eso afirma que su gran terreno es el cuento, la poesía, porque allí puede dejarse llevar "por esas cosas que me vienen, y yo las voy tomando como si nada", buscando apenas la cadencia de las palabras, el juego fantástico. Por ese mismo camino afirma que él no es un intelectual en sentido estricto, debido a esa deficiencia en su racionalidad. Dice que admira a las personas de una inteligencia superior, y que además (a diferencia de él), saben encadenar sus ideas y exponerlas dialécticamente.
Ahora, yo veo en todo esto una extraña modestia. El Cortázar que es Johnny podría ser el Cortázar de los primeros años parisinos, cuando estaba sumergido en el surrealismo, en una suerte de vida poética, de lucha encarnizada contra la Razón y las costumbres burguesas. Rayuela está escrita bajo ese influjo, creo yo, bajo esa revaloración del sueño y de la paradoja que siempre busca nuevas formas (digamos, formas nacidas de la sangre y no del intelecto) para exponer los viejos problemas. El Cortázar que es Bruno es el que fija de manera consciente todas estas estructuras, el que trata de definir al artista que es Johnny (que es Julio) y se le escapa, el tipo con sentido común, con toda la historia de la filosofía a cuestas, y que aún así no logra asir el misterio que es Johnny, que es él mismo en el fondo.
Sabemos que ese misterio es el misterio de la creación, y hasta ahí. No nos atrevemos a cruzar ese umbral. Quién sabe de donde tanta genialidad, de donde tanto artificio. Es francamente exasperante que el análisis tenga que rendir sus armas ante el problema del poeta, un poeta como Johnny, que se crea y se destruye continuamente como si fuera un samsara. Tal vez tenga razón el autor: lo que hace Johnny, lo que hace el genio, no es salvar la humanidad, no es redimir sus pecados. Lo que hace lo hace y punto, lo hace porque no puede hacer otra cosa, porque es "fiel hasta la muerte", fiel a sí mismo y a su propio destino. De ahí su pureza. De ahí su genialidad.
Ahora, yo veo en todo esto una extraña modestia. El Cortázar que es Johnny podría ser el Cortázar de los primeros años parisinos, cuando estaba sumergido en el surrealismo, en una suerte de vida poética, de lucha encarnizada contra la Razón y las costumbres burguesas. Rayuela está escrita bajo ese influjo, creo yo, bajo esa revaloración del sueño y de la paradoja que siempre busca nuevas formas (digamos, formas nacidas de la sangre y no del intelecto) para exponer los viejos problemas. El Cortázar que es Bruno es el que fija de manera consciente todas estas estructuras, el que trata de definir al artista que es Johnny (que es Julio) y se le escapa, el tipo con sentido común, con toda la historia de la filosofía a cuestas, y que aún así no logra asir el misterio que es Johnny, que es él mismo en el fondo.
Sabemos que ese misterio es el misterio de la creación, y hasta ahí. No nos atrevemos a cruzar ese umbral. Quién sabe de donde tanta genialidad, de donde tanto artificio. Es francamente exasperante que el análisis tenga que rendir sus armas ante el problema del poeta, un poeta como Johnny, que se crea y se destruye continuamente como si fuera un samsara. Tal vez tenga razón el autor: lo que hace Johnny, lo que hace el genio, no es salvar la humanidad, no es redimir sus pecados. Lo que hace lo hace y punto, lo hace porque no puede hacer otra cosa, porque es "fiel hasta la muerte", fiel a sí mismo y a su propio destino. De ahí su pureza. De ahí su genialidad.
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